sábado, 31 de diciembre de 2016
Fatiga social y liberalismo
Las sociedades liberales, es decir aquellas que se sustentan en la vigencia del estado de derecho, las libertades personales, el libre transito de personas, bienes y capitales, han visto como grandes grupos sociales dentro de ellas, se manifestaron en contra de algunos de sus principios. En el año que terminó fuimos testigos de hechos políticos señeros en ese sentido: el Brexit, el triunfo de Trump, la guerra en Siria y el apoyo ruso a las tropas oficiales, la derrota oficial en Italia, el triunfo del no en Colombia, y el ascenso de los grupos políticos nacionalistas en Francia, Alemania y Holanda, entre otros muchos. Estas reacciones se han levantado contra los procedimientos que han fatigado el tejido social: la reconversión industrial que creó desempleo, la inmigración que genera tensiones, la ineficacia para resolver los problemas sociales de salud y seguridad. En realidad tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos el rechazo ha sido claramente una cuestión focal, pero que ha abierto la puerta a una discusión que puede ser mucho más profunda, y es ahí donde puede haber una amenaza a las libertades. Aparentemente no se trata de que la derrota de los europeístas o de los demócratas suponga el fin del liberalismo; o que se hubiese votado en contra de las libertades o del individualismo o en contra del sistema de libre mercado. Se votó en contra de la forma como se han aplicado los principios liberales. Lo mismo sucedió en las otras naciones en las cuales había un punto focal de política interior que inclinó la balanza. Se trata de una reacción ciertamente conservadora, enfocada hacia un individualismo meritocrático que triunfa sobre los procesos de solidaridad y subsidiaridad social que han probado ser tan benéficos en Europa, pero que han resultado costosos y en algunos casos insostenibles, como en el caso de Grecia. La vuelta al nacionalismo es una forma de acentuar el criterio de que los beneficios deben corresponder a quienes los generan. Reclama que los principios del mercado deben estar enfocados a proteger primero a los más productivos y para ello es necesario enfocar la acción del gobierno hacia los estímulos a la producción. Quizá la fatiga social se ha acrecentado con la implantación de la incertidumbre como principio rector de la actividad económica, lo que despierta la nostalgia de la estabilidad de las décadas doradas del siglo XX. La idea del progreso como uno de los ejes centrales del pensamiento liberal, está atado al cambio, la apertura y el intercambio como motor del crecimiento y de la riqueza cultural. Los liberales hemos creído siempre en el valor de la educación, la difusión de las ideas, la libertad de expresar y publicar como los motores de un cambio positivo que conduce a la sociedad a una espiral de conocimiento, productividad y bienestar. Sobre la base de estos principios germinaron: la idea de la constitución, el capitalismo, y luego: la sociedad de la información, la globalización económica, el desarrollo del telecomunicaciones y un orden en el comercio global, asegurado por la fuerza militar de las naciones occidentales con Estados Unidos a la cabeza. El orden geopolítico se centró después de la segunda guerra mundial, en mecanismos multilaterales que generaron certidumbre para asumir reglas globales en temas políticos, económicos, monetarios y militares, por medio de la ONU, el FMI, el Banco Mundial, la OTAN, la Comunidad Europea y otros acuerdos. Pero todo ello ha creado una ola de incertidumbre porque las decisiones locales y personales siempre están expuestas a factores externos impredecibles. La fatiga social ha creado una ola de inconformidad con la forma como funcionan estos instrumentos. Es decir hay una censura al desempeño y por eso seguramente en la agenda inmediata habrá un debate sobre la eficacia de estas instituciones, y habrá presiones para que se reformen. Las disputas podrían centrase en los resultados prácticos habidos, y en los equilibrios geopolíticos que están detrás de ellos. Lo que supone un debate al interior que puede conducir a una mejora o a una crisis de las mismas. El riesgo que se cierne sobre este proceso de inconformidad y exaltación es el crecimiento de la intolerancia que traen los sentimientos de exclusión. Estos sí amenazan a los principios esenciales del liberalismo. El respeto a la dignidad de la persona, al estado de derecho y a las libertades como el eje central sobre el que se construye la certidumbre social, son los valores a defender en medio del debate que aparece en el horizonte. Es decir, que no es lo mismo debatir sobre el desempeño y reforma de la UNU, la OTAN, el FMI, el NAFTA o la Comunidad Europea, que enfocarse a debatir sobre la tolerancia a los grupos étnicos, la repatriación forzada o la justificación de una guerra de odio por nacionalismos o principios religiosos. El ascenso del pragmatismo político que vemos en Estados Unidos y Europa se enfrentará al pensamiento liberal que no parece dispuesto a retroceder en estos temas esenciales para la civilización occidental. Para los mexicanos este proceso de debate puede significar la oportunidad de tomar una posición más definida. La realidad geopolitica, nuestra historia y composición social nos condicionan a defender la visión liberal, a pesar de que incluso no hemos podido implantarla plenamente. la realidad nos obliga a defender el libre comercio, el transito de personas, de mercancías y capitales. A respaldar los mecanismos multilaterales sobre las relaciones bilaterales en las que muchas veces tenemos debilidades por nuestra dimensión y desarrollo. Y este proceso lo habremos de vivir probablemente en medio de una creciente fatiga social interna, que hace crecer la inconformidad, otra vez, ahora sobre la forma como se han aplicado ciertas políticas internas. México irá a debatir al exterior en medio de un proceso electoral, que requiere de los actores patriotismo y responsabilidad política para defender los principios liberales como valor esencial de nuestra estructura constitucional. Habrá una gran oportunidad de mostrarnos a nosotros mismos que tenemos una nación más fuerte y madura politicamente, capaz de jugar un papel más activo en al mundo liberal.
sábado, 3 de diciembre de 2016
Lidiar con la posverdad
Hoy existe una amplia zona gris entre la verdad y la mentira. La nítida frontera ha cedido. Y ahí cabe la posverdad que estimula las emociones por encima de la realidad. La frontera entre lo correcto y lo incorrecto, lo real y lo ficticio se difumina mediante afirmaciones que son falsas pero emocionalmente atractivas. La difusión de mentiras deliberadas se ha convertido en una práctica común, no solamente en el ámbito de las comunicaciones personales y privadas, sino que ha irrumpido en la información institucional. La difusión de estas mentiras deliberadas plantea enormes desafíos para los medios de comunicación porque muchos de los actores de la vida pública están utilizando este mecanismo para intentar manipular la comunicación masiva. Hace apenas unos días Donald Trump publicó un tweet afirmando que millones de sus compatriotas votaron ilegalmente en la elección. Los medios difundieron este mensaje a sabiendas que carecía de fundamento. Sabían que era una mentira. Algunos matizaron el tema señalando que no ofreció pruebas y otros se limitaron a la reproducción del mensaje. Pero el efecto buscado se consiguió: conectar emotivamente con parte del público votante de Trump. Este ejemplo desató una polémica respecto a la forma como debe tratarse este tipo de información en los medios de comunicación más serios, que son referencia para formar opinión. Lo mismo sucedió con el caso de la planta Carrier que se trasladaría a Monterrey desde Indiana, en donde los mensajes dirigidos a exaltar los sentimientos nacionalistas y de protección a los trabajadores fueron la prioridad sobre la realidad misma. El uso de las redes sociales como mecanismo para lanzar estos dardos que estimulan sentimientos es altamente efectivo, porque la naturaleza de los mensajes no exigen ni pruebas ni argumentos, sino solamente el valor de decir las cosas de forma contundente. Si los mensajes provienen de personas públicamente expuestas o de minorías estridentes, los medios las reproducen porque constituyen noticias atractivas. En muchos casos se sabe claramente que hay un mentira en el mensaje pero se difunde dejando a la supuesta responsabilidad del emisor su contenido.
Este mecanismo de la llamada era de la posverdad ha sido esencial en el proceso de elección y ahora desempeño de Donald Trump como presidente electo. Y todo indica que será una forma cotidiana de la comunicación oficial en los próximos años en la Casa Blanca. Lo que supone un enorme reto para quienes resultan afectados y para la manera de informar. México y los mexicanos hemos sido afectados por el uso de estos mecanismos y no tenemos una forma de reaccionar eficiente, porque los mensajes trasmitidos han cumplido su cometido político, pasando por encima del principio ético del respeto a la verdad y a lo correcto.
El mensaje que acusa de voto ilegal logró distraer respecto al recuento de la votación en algunos estados, y el del supuesto mantenimiento de la planta de Carrier en Indiana consiguió trasmitir el sentimiento de que el presidente cumple sus promesas con determinación. La verdad es que ni hubo millones de votos ilegales, ni la planta de Carrier en Monterrey será eliminada, pero eso no importa ya. Aunque es moralmente relevante conocer la realidad, en términos de comunicación ya no es un tema vigente, por lo que la impresión emotiva inicial es lo que realmente perdura en la audiencia. Desde que se publicó el libro de Ralph Keyes La Era de la Posverdad en 2004, el término se ha convertido en referencia; al grado que el diccionario Oxford lo ha designado el término internacional del año. Ahora la posverdad se ha convertido en una realidad en la comunicación cotidiana con enormes efectos políticos y sociales. La sensación de que han caído las fronteras entre la verdad y la mentira ha creado la sensación de una degradación de la moralidad y de un fortalecimiento de una cierta autonomía o incluso impunidad en cuanto a la difusión de mensajes deliberadamente falsos. Estos mecanismos son una amenaza para la libertad y la dignidad de la persona. La acción para señalar lo que es real, verdadero y correcto es necesaria en el juego de la comunicación en la democracia. Ceder a la tentación de lo atractivo emocionalmente, dejando de lado la objetividad representa una renuncia a la responsabilidad en defensa de la libertad de expresarse y del derecho del público a estar informado.
domingo, 6 de noviembre de 2016
27 votos electorales
La elección del próximo martes se decidirá por la cantidad de votos electorales que en cada estado consigan los candidatos, demócrata y republicano. Las proyecciones de los estudios de opinión indican que los estados están ya definidos en mayoría, y que solo algunos por lo cerrado de la lucha serán clave para inclinar la balanza: Ohio con 18 votos, Florida con 29, Virginia con 13 y Pensilvania con 20. Es decir que que quién obtenga los votos electorales de la mayoría de estos estados ganará. Hay otros estados en disputa como Nevada y Colorado pero dado que tienen menos votos, 6 y 9 respectivamente, su peso en la decisión será menor. Hasta ahora hay un cierto consenso en los especialistas para otorgar cierta ventaja a Trump en Ohio y Nevada, un empate técnico en Florida y cierta ventaja para Clinton en Pensilvania, Virginia y Colorado. Con lo cual el resultado favorecería a la demócrata. Sin embrago la realidad electoral es distinta en cada estado y el voto de las minorías jugará un papel estratégico. El voto de la población de color se inclina en más de 85% para Clinton, y entre los hispanos la cifra es de 80%, sin embrago ambas minorías tradicionalmente participan poco: menos del 20% de los votantes potenciales hispanos ejercen su derecho y algo parecido sucede con la población afroamericana. Ahí el reto es la movilización para Clinton, mientras que para los republicanos la clave está en estimular a la población blanca de menos estudios y activar las pasiones para sacar el voto oculto que parece favorecerles. En el primer caso la maquinaria electoral es fundamental, y en eso tienen ventaja los demócratas mientras que en el segundo la agitación en los medios y redes sociales será fundamental. Si la participación se mantiene en los niveles históricos y el voto oculto se circunscribe a los segmentos conservadores será muy difícil obtener triunfos para Trump en los estados donde Hillary tiene ligera ventaja. Así que lo más probable es un triunfo por más de 27 votos electorales para Clinton, es decir 10% o más de ventaja en votos electorales, aunque el resultado en el voto popular será seguramente más estrecho, de entre 1% y 4%. Pero lo que resulta más importante es lo que sucederá con Trump y con los republicanos, si reconocen la derrota o no. Si mantienen el control del senado. Si seguirán pugnando por establecerle un proceso judicial a Clinton. Si tienen el poder suficiente para cuestionar desde el mismo día de la elección la calidad de candidata y son capaces de llevar con el FBI el caso a los tribunales. Por eso la elección de los senadores y representantes es fundamental para Hillary. Y en esa elección las cosas están muy cerradas, los estados clave son Florida, donde el republicano Rubio lleva ligera ventaja, Pensilvania con ventaja demócrata, Wisconsin en donde los azules parecen tener oportunidad de arrebatarles el escaño a los republicanos, y Nevada donde hay un empate. El resultado final proyectado por especialistas es una ventaja de un escaño para cualquiera de los dos partidos, con lo cual, mucho va a depender la actitud republicana del resultado de la elección en el senado. En el escenario con el senado con los demócratas la perspectiva de un gobierno estable es asequible, mientras que en el escenario de un control del senado por los republicanos, podríamos ver un cuestionamiento feroz desde el mismo martes, incluso con amenazas de más acciones judiciales para combatir el resultado. Luego de la campaña más virulenta y tecnificada de la que se tenga memoria, veremos la elección más cuestionada política y jurídicamente en la historia reciente de los Estados Unidos.
sábado, 8 de octubre de 2016
Trump bajo presión
Los periodistas del Washington Post se enteraban que Donald Trump no le permitiría al diario hacer la cobertura de su campaña, nunca imaginaron que sería el propio diario el que diera a conocer un video que ha colocado al candidato republicano en la posición más difícil de la campaña electoral. El video que contiene imágenes del año 2005 en las que aparece haciendo comentarios altamente lesivo respecto de las mujeres y su condición cuando están frente a una “estrella” del espectáculo, como él mismo se consideró, es el hecho que más le ha perjudicado. Al grado que su propio compañero de formula ha dicho que aun lo apoya pero que está molesto con él. Mientras que los líderes del partido y los miembros de los sectores más conservadores llegaron ayer a pedir formalmente que deje la candidatura. Este hecho es la punta de un iceberg que ha flotado por el océano republicano en donde hay un enorme fractura. Aunque ha salido a ofrecer una disculpa pública, ha replicado con Bill Clinton a quién acusa de haberle hecho comentarios mucho peores en el campo de golf. El video muestra la personalidad y las convicciones que Trump tiene respecto de las mujeres. La presión sobre el candidato ahora es enorme de cara al próximo debate. Aunque el mismo ha dicho que no declinará, los comentarios y las especulaciones crecen con fuerza, porque el movimiento que se opuso a la candidatura de Trump en su partido está tomando fuerza. Hay que considerar que hoy más cien líderes republicanos del país y en los estados han dicho que no respaldan a Trump y que no votarán por él. Esta cifra probablemente va a crecer luego de la difusión del video. Pero mas allá de que se mantenga en la carrera Trump está tocado por la vulgaridad y lo ofensivo que resulta verle. Es para muchos norteamericanos conservadores inimaginable ese grado de bajeza en la presidencia de su país. Así que este hecho está llamado a ser un punto de quiebre en la campaña y un argumento que puede aglutinar, ahora sí, el voto femenino en torno a Hillary Clinton. Lo atractivo del personaje que es capaz de ser políticamente incorrecto para proponer un cambio en en el establecimiento político, ha llegado al extremo contrato de recurrir a una conducta ofensiva que realmente penetra de forma transversal a todos los estratos sociales sin distinguir. Hay que considerar que para los criterios políticos de nuestros vecinos el respeto a los derechos personales es un tema de la mayor envergadura, y el hecho de que un candidato se presente prácticamente reconociendo como un abusivo de las mujeres, que aprovecha su condición para satisfacer sus deseos y se jacta de ello, lo coloca en una situación realmente delicada. Va a resultar realmente interesante observar el debate para ver hasta donde llega su capacidad elusiva para enfrentar esta que es la mayor crisis en la campaña. Para Hillary también es un monto clave porque le corresponde asumir una posición de respeto e integridad, lo que abre la puerta para que Trump cumpla sus amenazas de referirse a la vida privada de la pareja Clinton. Así que como nunca antes, el debate presidencial puede convertirse en una disputa de ataques personales. Es de llamar la atención que el comen denominador de la agenda coyuntural de la campaña ahora está centrado en el respeto a las mujeres, con una candidata luchando por llegar a ser la primera en convertirse en presidenta de los Estados Unidos. Si las cosas siguen así, Clinton va en caballo de hacienda.
sábado, 1 de octubre de 2016
Claves para entender la elección en Estados Unidos
Los estadounidenses no votan directamente para elegir su Presidente. Este es electo por medio del llamado colegio electoral formado por 538 personas que son las que realmente emiten el voto para elegir al mandatario. Los ciudadanos realmente votan para que esos electores a su vez voten en el sentido de la mayoría. El número de electores se deriva de la suma de 435 Representantes en la Cámara baja más 100 senadores y tres electores que corresponden al distrito de Columbia. Así cada estado tiene un número distinto de electores en función de los distritos electorales. California tiene 53 distritos más dos senadores, con lo que cuenta con 55 votos electorales, mientras que Wyoming tiene un solo distrito y dos senadores, con lo que cuenta con solo tres votos electorales. Gana la elección quien obtenga 270 votos electorales o más. Las personas que integran el colegio electorales son generalmente los dirigentes de los partidos o miembros del establecimiento político, ya que no pueden ser electores aquellos que desempeñen cargos públicos activos. Estos electores son designados el día de la votación presidencial en cada estado. En la práctica hay candidatos a electores demócratas y republicanos. En cada estado el partido ganador toma todos los representantes excepto en Maine y Nebraska que dividen proporcionalmente entre ganador y perdedor. No hay una ley que imponga a estos electores emitir su voto en el sentido del resultado del voto popular, aunque el más del 95 por ciento de los casos así sucede.
En el caso de esta elección es claro que no están en juego los 50 estados y los 538 votos electorales, porque desde ahora es fácil predecir, por los parámetros de comportamiento político, que hay estados que están con ventaja tan sólida para cada partido que se consideran ya decididos, mientras otros tienen alta probabilidad de votar en un sentido predecible, mientras que en realidad hay solo 14 estados con sus electores que son realmente el campo de batalla en donde se habrá de decidir la elección: Florida (29); Ohio (18); Pennsylvania (20); Carolina del Norte (15); Colorado (9); Nevada (6); Minnesota (10); Wisconsin (10); Michigan (16); Iowa (6); New Hampshire (4); Maine (2); Arizona (11); Georgia (16). En estos estados en donde la campaña electoral se centra y hacia cuyos electores se dirige el mensaje. La situación actual indica que Hillary Clinton cuenta probablemente ya con 201 votos electorales, mientras Donald Trump tendría 165 y el objetivo es 270. La probabilidad de que Clinton alcance los 69 electores que necesita es mayor que la de Trump, por las características de los estados en disputa, Florida con una gran población hispana, con la familia Bush sin hacer campaña para Trump parece inclinarse a los demócratas, que según las encuestas mantienen una ventaja de 3 puntos. En Pennsylvania, un estado influido fuertemente desde la capital, con Obama haciendo campaña mantiene una ventaja de 3 puntos para Hillary. En Wisconsin asimismo hay tendencia consolidada para ella, como también en Minnesota, New Hampshire y Michigan; mientras que hay prácticamente un empate en Nevada, donde también hay una fuerte presencia hispana, Mientras que en Ohio, North Carolina, Iowa y Colorado hay tendencia favorable a Trump. Con esta perspectiva la tendencia se está consolidando hacia el Partido Demócrata, por lo que los medios de comunicación como el New York Times, que sigue con un método especial denominado Upshot, la campaña electoral, considera que hay una probabilidad de triunfo de Hillary Clinton de 76%. Sin embrago son solo estimaciones, sujetas al desarrollo de la campaña.
Las fechas clave en la carrera por la presidencia son los debates televisivos, comenzando con el de candidatos a vicepresidentes programado para el próximo martes 4 de octubre en fraile Virginia, el segundo debate entre Clinton y Trump que será el domingo 9 de octubre en St. Louis Missouri y el último en Las Vegas el miércoles 19 de octubre. Para dar paso a la emisión del voto popular el martes 8 de noviembre, el voto de los electores para el mes de diciembre y la toma de posesión presidencial el 20 de enero próximo.
Así con un sistema electoral indirecto, con el precedente de que el voto popular ya fue favorable a un candidato y ganó otro, con un candidato que representa una amenaza al orden comercial, político y financiero del mundo, es altamente probable que el establecimiento vaya cerrando filas para respaldar a Hillary, y que el discurso de Trump se vuelva más radical apelando al sentimiento de frustración de las clases medias bajas. Mientras más incendiario el discurso del republicano, más consolida sus votos leales, pero más se aleja de las minorías afroamericana y latina, que serán una de las claves de la elección.
domingo, 25 de septiembre de 2016
El debate Clinton-Trump
El primer debate entre los aspirantes a la Casa Blanca marcará el inicio de la recta final de la campaña electoral. En el foro seguramente veremos un espectáculo entre un actor y una mujer dedicada a la política profesional. Será una representación en la que seguramente los protagonistas tratarán de sorprenderse mutuamente para acentuar las debilidades de sus contrincantes. Del lado de Trump el menú seguramente incluirá las referencias a la forma como Hillary trató el uso de correos electrónicos personales durante sus gestión como Secretaria de Estado, que la colocó en el límite de lo correcto. Como también podrá aludir a los quebrantos de su estado físico, como a la política de salud promovida por ella desde la campaña anterior. Seguramente buscara irritarla mediante argucias insultantes para sacarla de sus casillas. Por el lado de Clinton es probable que se cargue sobre la actuación de Trump como empresario, acentuado las supuestas malas prácticas; como también podría recurrirse a mostrar sus inconsistencias en temas económicos, de política internacional, la respuesta al terrorismo, pero sobre todo buscaría poner en evidencia una mentira por parte de él. Veremos la mujer disciplinada, preparada para el debate, frente a quien cree en su instinto y la improvisación. Pero lo realmente importante está en saber si el clima de polarización seguirá en aumento con argumentos serios o si la campaña se referirá cada vez más a trivialidades escenográficas. No es una cuestión solo de corrección política, sino que precisamente los votos se pueden agrupar entre quienes con poca educación se sienten abandonados por la clase política, cuya mayoría ahora apoya al republicano, y las personas más educadas y liberales que respaldan a la demócrata. En medio están las minorías afroamericana e hispana que parecen hasta ahora decantase en su mayoría por la candidata; y aunque parezca poco convencional está el voto de los norteamericanos en el exterior que suman potencialmente más de diez millones, de los cuales por cierto más de un millón están en México; pero tradicionalmente un porcentaje muy pequeño de ellos realmente ha votado, y los demócratas están haciendo un esfuerzo por atraerlos ya que en su mayoría los emigrantes son personas educadas y liberales. El tema México puede manifestarse en el debate si la referencia al muro propuesto por Trump aparece, o se surgen las referencias al NAFTA o a la última visita del candidato republicano a la Ciudad de México. Seguramente alguna referencia habrá y lo que se exprese estará dirigido a las audiencias de cada candidato, por lo que es de esperar que el tono sea contundente. Nunca antes como ahora la opinión pública mexicana ha tenido tal expectativa por una campaña presidencial de nuestros vecinos; nunca como ahora nuestro país y los mexicanos habíamos sido tema en la narrativa de campaña, nunca había sido tan importante el voto de origen mexicano que puede llegar potencialmente a más de seis millones; y nunca antes el millón de residentes norteamericanos en México había tenido tal interés e importancia estratégica. Mucha de la especulación financiera de estos días tiene que ver con el alimento del miedo a un triunfo republicano, y en este sentido el debate del próximo lunes alimentará la hoguera para bien o para mal. La agenda política, la de los medios de comunicación y la de las redes sociales serán fuertemente incluidas por lo que suceda en el debate más esperado de las últimas décadas en Estados Unidos. La expectativa es ver si la tendencia de respaldo a Hillary se mantiene o se rompe. Hasta ahora los números publicados dan a la demócrata 200 votos electorales por 164 del republicano, es decir una ventaja de 36 votos en los ya decididos; mientras que en los aun no comprometidos están en juego 174, cuando se requieren 270 para ganar la elección. En el voto popular la ventaja en promedio es de más de 5% para Hillary. Estos números son los que habrá que revisar en el transcurso de la semana próxima para realmente saber si la la competencia se cierra o la tendencia se consolida.
lunes, 12 de septiembre de 2016
11 de septiembre, los juicios poco conocidos
Los ataques terroristas del 11 de septiembre produjeron miles de víctimas. Muchos de los familiares de quienes murieron y algunos que resultaron heridos iniciaron procedimientos judiciales para demandar por mas prácticas. Las demandas, por la naturaleza de los hechos, fueron tratadas bajo criterios de estricta confidencialidad. Muchos de ellos reclamaron compensaciones económicas por parte de las compañías de aviación, así como de las autoridades que establecieron las políticas de seguridad que fueron insuficientes para garantizar la vida y la seguridad de los pasajeros. Pero junto a eso también demandaron el acceso a la información y la rendición de cuentas por parte de los demandados. Los hechos eran claros: 19 personas habían burlado todos los controles de seguridad, tanto de las autoridades como de las aerolíneas y por ello podría acreditarse una negligencia criminal suficiente para generar una condena a pagar una compensación económica y conocer realmente lo que sucedió. Al fin de cuentas se creó un fondo especial para el pago de indemnizaciones y los juicios nunca se desarrollaron en plenitud porque se resolvieron mediante acuerdos con la justicia. El juez encargado del caso, en el juzgado de Distrito de Manhattan Alvin K. Hellerstein, declaró recientemente que los demandantes decidieron tomar el dinero en lugar de obtener información. El fondo pagó más de siete mil millones de dólares en indemnizaciones a las víctimas mediante acuerdos supervisados por el juez, que al final de cuentas terminaron con la posibilidad de que siguieran adelante los juicios y que por esa vía se obtuviera información más profunda sobre lo sucedido. El caso es muy singular porque puso de manifiesto que la obtención de información delicada para la seguridad nacional, por medios judiciales ha sido ineficaz en este, como en muchos otros casos, pero al mismo tiempo la solución económica reconoce la injusticia de las muertes y lesiones producida de una forma u otra por una falla en los sistemas de seguridad de las autoridades y las compañías aéreas. A quince años de los hechos se especula sobre la posibilidad de llevar a juicio a otros que pudieran resultar con responsabilidad más allá de las autoridades y compañías privadas. Se trata, potencialmente, de abrir procedimientos contra Arabia Saudita por su posible vinculación en los hechos del 11 de septiembre, argumentando que podrían haber personas de aquella nación que respaldaron a los terroristas. Por eso es relevante la desclasifiación reciente de documentos que revelan que en las investigaciones se consideró la participación de familias y representantes de Arabia Saudita en los ataques. Si se logra autorizar que se involucre a la nación árabe, como lo plantean algunas autoridades en Estados Unidos; entonces seguramente habría muchos juicios reclamando por indemnizaciones e información al Reino Saudí. El ataque más violento contra los Estados Unidos aun da mucho de que hablar en él ámbito judicial. Pero la gran cuestión es que al fin de cuentas todos los esfuerzos judiciales se resolvieron por vías que evitaron que se ventilara públicamente la información respecto a lo sucedido, y cabe entonces plantearse si soluciones así son correctas desde el punto de vista del derecho de las víctimas, no solo a ser compensados, sino a conocer la verdad. La justicia compensatoria no puede limitarse a dinero sino que implica el derecho a saber. Seguramente habrá más acciones legales en el futuro que desvelarán los secretos de los hechos que hace quince años cambiaron al mundo. Es interesante el planteamiento porque aquí en México también se han iniciado procedimientos en otro tipo de hechos que persiguen compensación e información a víctimas de ataques violentos de grupos armados y aunque los sistemas jurídicos son distintos los planteamientos en el fondo resultan similares.
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