sábado, 22 de abril de 2017
La elección en Francia
La Francia eterna se enfrenta consigo misma este 23 de abril. La insatisfacción ha dominado el proceso electoral que culmina con una votación en la que está en juego el futuro de la República y de la idea de la unidad europea misma. La cuna de la revolución liberal por excelencia tiene frente a sí la decisión de defender la visión internacional construida a partir de las libertades de las personas y la tolerancia como principio o echarse en la corriente del nacionalismo de corte más autoritario que ha quedado de manifiesto en las elecciones que marcaron el Brexit, la llegada de Trump, y recientemente el triunfo de Erdogan en Turquía. La elección tiene dos extremos: por una parte la candidata Marine Le Pen, líder de la derecha más nacionalista y Juan-Luc Mélenchon, en la izquierda más radical; el triunfo de cualquiera de ellos por la mitad más uno de los votos marcaría un cambio de rumbo en Francia y Europa, especialmente amenzante resulta la posición de Marine que ha amenzado con el Francexit. En el centro están Emanuel Macron, un joven sin experiencia que no cuenta con el respaldo de ningún partido y que se ha convertido en la sensación por su rápido crecimiento, aunque sus posiciones son un tanto inciertas. Junto a él el líder Conservador Francois Fillon que se ha visto envuelto en escándalos ha perdido el fuelle inicial. Quizá como en ningún otro país el descontento con la clase política y especialmente con el gobierno es tan alta y compleja como en Francia. Las prestaciones sociales tradicionalmente altas se han desgastado y las finanzas públicas no pueden pagar el bienestar al que están acostubrados los franceses, la aprobación del gobierno es de sólo 4 por ciento y la decepción sobre los partidos es una abrumadora mayoría. El debate sobre la migración crece cada día empujado por los eventos terroristas y ha llevado a plantarse la conveniencia de endurecer las políticas no solo en migración, sino en la integración europea misma. Marine Le Pen y Mélenchon tienen un discurso que hace eco de ese descontento y cargan contra el desempeño de los últimos gobiernos con furia para generar simpatías a su favor. Pero su oferta es técnicamente insostenible porque prometen una vuelta al bienestar y tranquilidad que no puede sufragarse sin aumentar drásticamente los ingresos públicos. Marine promete cerrar fronteras y Melenchon unirse a la revolución social bolivariana de Venezuela y Cuba en una idea más romántica que política. Los candidatos de centro son más razonables y plantean recortes al gasto para enderezar la economía según Fillon, pero su desgaste es enorme porque la propuesta es seria pero poco atractiva. Macron en cambio es un rockstar que plantea una posición favorable al mercado, con recortes al gasto público, propuestos por una persona que nunca ha tenido un cargo público, es más proclive a los acuerdos europeos y de la buena relación con Alemania. Su formación política es realmente nueva: En Marche nació hace apenas un año y aunque carece de una estructura real para disputar los distritos en la Asamblea, ha logrado sumar más miembros que ningún otro partido. El sistema electoral galo exige que en una primera vuelta el ganador tenga más del 50% de los votos para evitar la segunda. Ahora mismo las encuestas marcan una elección de cuatro sin un ganador claro en la primera vuelta, así que sería una sorpresa que alguno alcanzara la cifra mágica del 50%. Pro lo que sería un desastre es que las opciones para la segunda vuelta fueran los radicales. El atractivo de Marcon puede ser el aglutinante de una opción frente a Le Pen que parece estar enfilada a participar en la segunda vuelta el 7 de mayo. Lo que suceda este domingo es una lección para las naciones que preparan elecciones como México. El hartazgo y la inconformidad está impulsando a nuevos liderazgos y pulverizando al tradicional sistema de partidos. Le Pen, Melenchon y Macron, cada uno desde su puesto están proponiendo cambios profundos en medio de una situación económica que no tiene otro camino que recortar el bienestar. El dilema es ser o no ser el símbolo liberal o emprender una ruta hacia el populismo.
domingo, 19 de marzo de 2017
Migración
Migración
Emigrar es un derecho fundamental consagrado en el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. En la historia sólo las dictaduras lo limitan. El derecho de irse de un país supone el ejercicio de una libertad personal, sin embrago el derecho de ser acogido en otra nación aun no es considerado como tal por las naciones que tradicionalmente son receptoras de migrantes. Sin embrago, existen razones humanitarias por la cuales las naciones han establecido mecanismos que generan el derecho potencial a ser acogido, como las persecuciones políticas y las guerras. El derecho internacional establece que en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. El tema cobra un mayor relevancia en el mundo y representa un tema esencial para México. Lo es, no solamente por que más de 25 millones de mexicanos han emigrado, sino porque cada año cientos de miles de personas extranjeras solicitan asilo, o emigran de hecho a nuestro país. Este tema, que siempre se ha mantenido en una especie de segundo y discreto lugar en la agenda política nacional, debe convertirse en tema central en los próximos meses y años. Las presiones de nuestros vecinos para ejercer un mejor control de nuestra frontera, implica la necesidad de tomar medidas migratorias que deberán ser estudiadas con gran profundidad para evitar ser culpables en el Sur de lo mismo que acusamos en el Norte. La posición de México en este tema ha sido, es y debe ser, por el más elemental sentido común, como por convicción moral y política de la mayoría de los mexicanos, una posición abierta, solidaria y respetuosa de los derechos fundamentales de las personas. Por eso quizá como ninguna otra nación en el mundo, y ante la ignominia del muro, México está obligado a legislar y actuar como nación, de la manera más justa ante los migrantes que llegan a su territorio. Ya se ha establecido que se revisará la política de asilo, dado que más de cien mil personas lo han solicitado en menos de un año. La situación es especialmente delicada desde el punto de vista de la legalidad y la justicia porque estamos recibiendo a cientos de miles de mexicanos repatriados, y a cientos de miles de inmigrantes provenientes de otras naciones. Y al mismo tiempo que sigamos siendo emisores de migrantes. Aunque dese hace años la balanza de migración es negativa, es decir que salen menos mexicanos que los que regresan, eso no quita que los que sean son cientos de miles. Más allá de las declaraciones políticas, ha llegado la hora de actualizar nuestras normas para garantizar de mejor forma los derechos de las personas que migran. No podemos ignorar que más del 20 por ciento de los mexicanos son migrantes y que tenemos con nosotros a más de dos millones de personas en México que residen provenientes de otras naciones. Si bien es cierto que sólo México decide a quién recibe, también lo es que debe haber normas y reglas claras y justas para proteger a las personas. Más allá de las simples declaraciones políticas, ante la ofensa a la dignidad que representa el muro, la mejor forma de responder es con una nueva ley que garantice el derecho fundamental a emigrar y regule en México el derecho a inmigrar de las personas. La posición en defensa de la libertad y la dignidad es mucho más fuerte que cualquier presión coyuntural. Ante Angela Merkel el presidente Trump afirmó que la migración es un privilegio y no un derecho. Hagamos que la migración en México sea regulada de una forma mucho más clara y justa para dejar claro que ninguna pretensión de privilegios puede estar por encima de la dignidad de las personas. La migración sí es un derecho.
domingo, 5 de febrero de 2017
La Constitución Mexicana Hoy
La constitución en el acuerdo político que nos define. Marca los valores, establece alcances y límites entre la libertad y la autoridad. La nuestra, es una constitución liberal, inspirada en las ideas de la revolución francesa, la constitución norteamericana y las ideas sociales producto de nuestra propia revolución a principios del siglo XX. La incorporación de México a flujo de la globalización, la normalización democrática, como la transformación tecnológica han supuesto a lo largo de un siglo casi seiscientas modificaciones. Pero el espíritu original se mantiene; somos una República que defiende los derechos de los individuos, de las personas, frente a los demás y frente a la autoridad, mediante un equilibrio de poderes. A lo largo de un siglo el alcance real de la aplicación y defensa de la Constitución ha sido azaroso en lo esencial, y no me refiero a los cambios políticos, sino a la aplicación del estado de derecho en todo su alcance debido, tal y como lo marca la propia Carta Magna. Por muy distintas razones, desde la políticas, hasta la insuficiencia de recursos, la vigencia real ha sido inconsistente, tanto en el tiempo, como en la geografía del País. Para nadie es un secreto que la aplicación de la ley es el tema que genera más desconfianza. La población, afortunadamente, cada vez más con más conciencia del alcance de los derechos de las personas, ha exigido mejoras en la aplicación de las leyes, y mucho se ha avanzado. Ahora tenemos una mayor independencia de poderes, nuestras instituciones democráticas son más estables, los tribunales han evolucionado para convertirse en contrapesos reales en la aplicación de la ley. Al mismo tiempo los contrapesos políticos hacen cada vez más difícil la concentración de poder autoritaria. Sin embrago, el publico tiene la percepción justa de que aun no es suficiente, y que el desempeño de las cosas públicas tiene menos velocidad y calidad que las cosas privadas. Y en gran medida tiene razón. No podemos negar que ahora mismo hay zonas importantes del país en donde la aplicación del estado de derecho es muy precario, por la fuerza de los grupos de la delincuencia. O que la aplicación de las normas igualitarias son más una declaración de intención que una realidad por la falta de presencia de las instituciones, en gran parte debido a carencias presupuestales. O que la transformación judicial ha sido lenta y en muchos sentidos poco eficaz. Pero a pesar de toda la desconfianza y la insatisfacción, es importante resaltar que para avanzar como País, para fortalecer nuestro papel en el mundo, y ahora ante las adversidades que representa el nuevo gobierno de los Estados Unidos, la Constitución se convierte en el instrumento fundamental para fortalecer a México. Cumplir con el espíritu de defensa de la libertad, es ahora, más que nunca esencial. El peligro de la autocracia que se cierne del otro lado de la frontera, debe ponernos en alerta, para fortalecer nuestra vocación de respeto a las personas y presentarnos fuertes y unidos a las negociaciones, disputas o conflictos que parecen acercarse. Para ello debemos estar de acuerdo todos los mexicanos en los principios que nos definen, por lo que cumplir y hacer cumplir la constitución se convierte en la pieza clave en el futuro inmediato. Los graves problemas de seguridad que enfrentamos se deben resolver con la ley en la mano. La realidad nos impone acelerar el paso para fortalecer el estado de derecho, como la acción estratégica inmediata, para asegurar la libertad y la confianza. Aunque sea doloroso, ese tema es quizá nuestro flanco más delicado en la relación con los Estados Unidos y es claro que ya lo han hecho sentir. La estraga de filtrar las conversaciones, reales o supuestas entre los presidentes, lo denota claramente. Y es ese sentido hace falta hacer una pausa en los enojos y disputas internas, para fortalecer las instituciones encargadas de la seguridad y la justicia. Trabajar por México implica esta vocación de unidad en torno a los valores esenciales de nuestra constitución. Debemos, cada uno en nuestra labor, hacer que México siga siendo el mejor sitio del mundo para vivir en libertad, esta será la mejor forma de honrar un siglo de la Constitución. Y la mejor forma de trabajar para nuestros hijos y nuestros nietos.
sábado, 28 de enero de 2017
Primero México
En una semana de vértigo los mexicanos hemos respondido con unidad y sensatez a las agresiones inaceptables de Donald Trump. Por encima de cualquier diferencia interna hemos respondido que nos vamos a mantener unidos ante la insensatez. Y por supuesto que no vamos a pagar ni un céntimo del monumento al odio que Trump quiere elegir en la frontera. En los Estados Unidos se agitan los sentimientos xenófobos, mientras el mundo observa como surge una verdadera amenaza a la estabilidad. Nos toca ser la nación con la que se ensaña la nueva administración de los vecinos para mostrar su visión de supremacía en el mundo. Nos corresponde dar la pelea de forma inteligente en favor de México y del verdadero mundo libre. En favor de la libertad, el humanismo y la tolerancia. En esa lucha no estamos solos porque la mayor parte de los norteamericanos no concuerdan con Trump, porque las mayorías en Europa y America Latina como el concierto internacional tampoco están conformes con el odio, el proteccionismo y la imposición forzosa de medidas perjudiciales para los pueblos. Y también, muy importante, porque los intereses económicos se cruzan con los afanes demagógicos. Aunque parezca el camino más complicado Mi país debe reforzar su compromiso con la apertura y políticas económicas, como lo dijo acertadamente Ernesto Zedillo ayer en un artículo publicado en el Washington Post: No podemos darnos el lujo de hacer otra cosa. El mundo libre está formado por ciudadanos con el derecho de pensar y decir lo que piensan y no como lo sugiere el asesor principal de Trump: que la prensa debe tener la boca cerrada. Es lamentable que esté sucediendo esto. Nosotros debemos prepararnos para enfrentar un periodo de turbulencias y hacer una negociación firme, tan larga y profunda como sea necesario para proteger nuestros intereses. Hasta ahora el tema se mantiene en el ámbito bilateral, pero en la medida que se pretendan violar normas internacionales de comercio o de otro tipo, México puede plantear que el tema se convierta en multilateral y desate un debate global. Es tan emocionante como alentador ver las muestras de union entre todos los mexicanos; esta actitud la vamos a necesitar por todo el tiempo que dure la disputa, que amenaza con ser larga. La posición de fuerza que da la unidad es vital para lograr resultados. Quizá con el paso de los años esto sea recordado como la resistencia mexicana, y eso es realmente lo que nos corresponde, unirnos para aguantar hasta que las condiciones cambien. Ante la disputa, sabemos bien que estamos en desventaja, pero también debemos ver que somos más fuertes de lo que parece, con 135 millones de personas que vivimos principalmente en dos naciones y que formamos la economía doce del mundo por su tamaño. Somos una cultura inmersa en la pluralidad cultural del mundo y especialmente en la de los Estados Unidos. Somos una cultura milenaria que no pude ser borrada por caprichos. Sembrar el odio hacia nosotros nos fortalece, nos une y nos alerta respecto a nuestro papel en el mundo. Tenemos una vocación pacifista pero eso no significa que estemos simplemente a merced. México exige el mismo respeto que brinda a los demás. Y ahora la historia nos ha puesto en una coyuntura en la cual, el pueblo norteamericano, del que forman parte más de 27 millones de mexicanos, y con el que tenemos una relación de amistad, y sociedad comercial, está representado por un presidente que ha rebasado la linea del respeto.La fuerza de los mexicanos los de aquí junto a los de allá tiene un enorme potencial, que aun no ha sido suficientemente explorado. Samuel Huntington en su libro se planteaba la amenaza a la identidad estadounidense, ahora podemos plantearnos la cuestión: ¿Quienes Somos los mexicanos cuando se meten con nosotros? o podemos recordar que ahora no somos más vecinos distantes sino socios en una disputa. Es hora de resistir. Primero México.
domingo, 8 de enero de 2017
La nueva relación con Estados Unidos, más allá de la demagogia
El presidente electo de los Estados Unidos decidió poner sobre la mesa de la negociación una nueva relación con México. A partir de su retórica agresiva ha abierto la puerta para revisarla a profundidad. En primera instancia la decisión nos ha tomado por sorpresa y ha producido daños económicos, financieros, monetarios y en el clima social en nuestro país. Dada la profundidad de la relación que mantenemos, merece la pena detenerse a desglosar algunos de los principales rubros para ver en perspectiva lo que significa una revisión a fondo, para plantear una negociación ventajosa para México, aun con las asimetrías evidentes. La agenda bilateral está compuesta por los temas geopolíticos, los económicos, los de seguridad y aquellos que corresponden a los asuntos que impactan a una sociedad profundamente vinculada. Paradójicamente existe una profunda falta de información en ambos lados de la frontera sobre el alcance de nuestros vínculos, no solo en la opinión pública, sino aun entre los tomadores de decisiones. No es casual que el Departamento de Estado, califique oficialmente la relación con México como fuerte y vital. Para la seguridad interna, la frontera con México resulta una parte estratégica de su mecanismo de defensa. Por eso, más que la migración, que por cierto tiene años decreciendo, es la delincuencia y la inseguridad que produce, el tema de mayor importancia en los análisis militares que se han expuesto en Washington. La retórica de Trump respecto a la construcción del muro se origina en este argumento. Desde el punto de vista geopolítico, México es una parte esencial para la defensa del territorio y la población norteamericana. La seguridad interna de México, se ha convertido en un asunto que implica la seguridad de los Estados Unidos. Por eso la iniciativa Mérida, el instrumento de cooperación en materia de seguridad entre ambos países, está enfocada a mejorar el desempeño, policial, militar y del aparato de Justicia, que se encuentra en un proceso de profunda transformación en el ámbito penal. La homologación de protocolos y procedimientos es una tendencia necesaria para generar certidumbre operativa en ambos lados de la frontera. Y ese seguramente será un tema persistente en las negociaciones bilaterales. México debe asegurar niveles de control policial de la delincuencia, con el respaldo de los recursos técnicos y económicos de la iniciativa Mérida, es el punto de vista de los halcones de Washington; mientras que para los mexicanos se requiere mucho más respaldo y tiempo para lograr los resultados deseables en materia de seguridad. O lo hacemos nosotros en el corto plazo o nuestros vecinos habrán de actuar conforme a su propio interés. México debe proponer un plan concreto con objetivos precisos para fortalecer la cooperación técnica y táctica que permita retomar el control de las zonas en donde el estado de derecho se ha debilitado. Este objetivo es de beneficio para ambas naciones. Luego del tema de la seguridad geopolítica, está la relación económica que implica una dependencia de México en el comercio exterior, los mecanismos financieros y la movilidad de las personas. En este sentido, la demagogia se ha enfocado al discurso de la protección del empleo en Estados Unidos, con un mensaje dulce para los votantes y amargo para la realidad económica de México, en la que hemos perdido fuerza rápidamente, lo que genera una ventaja para negociar a nuestros vecinos. Sin embrago, la realidad económica es tan profunda a estas alturas, que puede dar lugar a satisfacer las tentaciones de la demagogia, si somos capaces de identificar la complementariedad que genere que ambas naciones sean más competitivas y fuertes. Esta visión se puede enfocar si volteamos a ver a un mismo adversario que no está en Norteamérica: China. En realidad el mayor desequilibrio comercial de EU es con ellos, y para colmo también lo tenemos nosotros. Es decir que si cambian las condiciones comerciales de EU y de México con China, el beneficio puede quedarse en nuestro continente. Para ello habrá que conversarse mutuamente de que no se trata de sumar o restar empleos entre nosotros, sino de producir valor conjunto que pueda tener presencia en todo el mundo. Eso crearía muchos más empleos en ambos lados de la frontera. Finalmente, en la agenda están los temas sociales que suponen la integración de millones de familias binacionales, de una minoría mexicana allá que evoluciona en su educación y capacidad económica, y el intercambio de personas entre fronteras más intenso del mundo. La negociación abierta por la nueva administración pude ser una gran oportunidad para fortalecernos en la seguridad interna, si asumimos los compromisos con decisión, y la ocasión de enfocar una política económica orientada a debilitar los desequilibrios comerciales con China, con una estrategia conjunta con EU y Canadá. Seguramente ahora mismo estos temas están sobre escritorios estratégicos en México y Washington. De lo que se acuerde va a depender en gran medida la paz y el progreso de las siguientes generaciones de mexicanos.
sábado, 31 de diciembre de 2016
Fatiga social y liberalismo
Las sociedades liberales, es decir aquellas que se sustentan en la vigencia del estado de derecho, las libertades personales, el libre transito de personas, bienes y capitales, han visto como grandes grupos sociales dentro de ellas, se manifestaron en contra de algunos de sus principios. En el año que terminó fuimos testigos de hechos políticos señeros en ese sentido: el Brexit, el triunfo de Trump, la guerra en Siria y el apoyo ruso a las tropas oficiales, la derrota oficial en Italia, el triunfo del no en Colombia, y el ascenso de los grupos políticos nacionalistas en Francia, Alemania y Holanda, entre otros muchos. Estas reacciones se han levantado contra los procedimientos que han fatigado el tejido social: la reconversión industrial que creó desempleo, la inmigración que genera tensiones, la ineficacia para resolver los problemas sociales de salud y seguridad. En realidad tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos el rechazo ha sido claramente una cuestión focal, pero que ha abierto la puerta a una discusión que puede ser mucho más profunda, y es ahí donde puede haber una amenaza a las libertades. Aparentemente no se trata de que la derrota de los europeístas o de los demócratas suponga el fin del liberalismo; o que se hubiese votado en contra de las libertades o del individualismo o en contra del sistema de libre mercado. Se votó en contra de la forma como se han aplicado los principios liberales. Lo mismo sucedió en las otras naciones en las cuales había un punto focal de política interior que inclinó la balanza. Se trata de una reacción ciertamente conservadora, enfocada hacia un individualismo meritocrático que triunfa sobre los procesos de solidaridad y subsidiaridad social que han probado ser tan benéficos en Europa, pero que han resultado costosos y en algunos casos insostenibles, como en el caso de Grecia. La vuelta al nacionalismo es una forma de acentuar el criterio de que los beneficios deben corresponder a quienes los generan. Reclama que los principios del mercado deben estar enfocados a proteger primero a los más productivos y para ello es necesario enfocar la acción del gobierno hacia los estímulos a la producción. Quizá la fatiga social se ha acrecentado con la implantación de la incertidumbre como principio rector de la actividad económica, lo que despierta la nostalgia de la estabilidad de las décadas doradas del siglo XX. La idea del progreso como uno de los ejes centrales del pensamiento liberal, está atado al cambio, la apertura y el intercambio como motor del crecimiento y de la riqueza cultural. Los liberales hemos creído siempre en el valor de la educación, la difusión de las ideas, la libertad de expresar y publicar como los motores de un cambio positivo que conduce a la sociedad a una espiral de conocimiento, productividad y bienestar. Sobre la base de estos principios germinaron: la idea de la constitución, el capitalismo, y luego: la sociedad de la información, la globalización económica, el desarrollo del telecomunicaciones y un orden en el comercio global, asegurado por la fuerza militar de las naciones occidentales con Estados Unidos a la cabeza. El orden geopolítico se centró después de la segunda guerra mundial, en mecanismos multilaterales que generaron certidumbre para asumir reglas globales en temas políticos, económicos, monetarios y militares, por medio de la ONU, el FMI, el Banco Mundial, la OTAN, la Comunidad Europea y otros acuerdos. Pero todo ello ha creado una ola de incertidumbre porque las decisiones locales y personales siempre están expuestas a factores externos impredecibles. La fatiga social ha creado una ola de inconformidad con la forma como funcionan estos instrumentos. Es decir hay una censura al desempeño y por eso seguramente en la agenda inmediata habrá un debate sobre la eficacia de estas instituciones, y habrá presiones para que se reformen. Las disputas podrían centrase en los resultados prácticos habidos, y en los equilibrios geopolíticos que están detrás de ellos. Lo que supone un debate al interior que puede conducir a una mejora o a una crisis de las mismas. El riesgo que se cierne sobre este proceso de inconformidad y exaltación es el crecimiento de la intolerancia que traen los sentimientos de exclusión. Estos sí amenazan a los principios esenciales del liberalismo. El respeto a la dignidad de la persona, al estado de derecho y a las libertades como el eje central sobre el que se construye la certidumbre social, son los valores a defender en medio del debate que aparece en el horizonte. Es decir, que no es lo mismo debatir sobre el desempeño y reforma de la UNU, la OTAN, el FMI, el NAFTA o la Comunidad Europea, que enfocarse a debatir sobre la tolerancia a los grupos étnicos, la repatriación forzada o la justificación de una guerra de odio por nacionalismos o principios religiosos. El ascenso del pragmatismo político que vemos en Estados Unidos y Europa se enfrentará al pensamiento liberal que no parece dispuesto a retroceder en estos temas esenciales para la civilización occidental. Para los mexicanos este proceso de debate puede significar la oportunidad de tomar una posición más definida. La realidad geopolitica, nuestra historia y composición social nos condicionan a defender la visión liberal, a pesar de que incluso no hemos podido implantarla plenamente. la realidad nos obliga a defender el libre comercio, el transito de personas, de mercancías y capitales. A respaldar los mecanismos multilaterales sobre las relaciones bilaterales en las que muchas veces tenemos debilidades por nuestra dimensión y desarrollo. Y este proceso lo habremos de vivir probablemente en medio de una creciente fatiga social interna, que hace crecer la inconformidad, otra vez, ahora sobre la forma como se han aplicado ciertas políticas internas. México irá a debatir al exterior en medio de un proceso electoral, que requiere de los actores patriotismo y responsabilidad política para defender los principios liberales como valor esencial de nuestra estructura constitucional. Habrá una gran oportunidad de mostrarnos a nosotros mismos que tenemos una nación más fuerte y madura politicamente, capaz de jugar un papel más activo en al mundo liberal.
sábado, 3 de diciembre de 2016
Lidiar con la posverdad
Hoy existe una amplia zona gris entre la verdad y la mentira. La nítida frontera ha cedido. Y ahí cabe la posverdad que estimula las emociones por encima de la realidad. La frontera entre lo correcto y lo incorrecto, lo real y lo ficticio se difumina mediante afirmaciones que son falsas pero emocionalmente atractivas. La difusión de mentiras deliberadas se ha convertido en una práctica común, no solamente en el ámbito de las comunicaciones personales y privadas, sino que ha irrumpido en la información institucional. La difusión de estas mentiras deliberadas plantea enormes desafíos para los medios de comunicación porque muchos de los actores de la vida pública están utilizando este mecanismo para intentar manipular la comunicación masiva. Hace apenas unos días Donald Trump publicó un tweet afirmando que millones de sus compatriotas votaron ilegalmente en la elección. Los medios difundieron este mensaje a sabiendas que carecía de fundamento. Sabían que era una mentira. Algunos matizaron el tema señalando que no ofreció pruebas y otros se limitaron a la reproducción del mensaje. Pero el efecto buscado se consiguió: conectar emotivamente con parte del público votante de Trump. Este ejemplo desató una polémica respecto a la forma como debe tratarse este tipo de información en los medios de comunicación más serios, que son referencia para formar opinión. Lo mismo sucedió con el caso de la planta Carrier que se trasladaría a Monterrey desde Indiana, en donde los mensajes dirigidos a exaltar los sentimientos nacionalistas y de protección a los trabajadores fueron la prioridad sobre la realidad misma. El uso de las redes sociales como mecanismo para lanzar estos dardos que estimulan sentimientos es altamente efectivo, porque la naturaleza de los mensajes no exigen ni pruebas ni argumentos, sino solamente el valor de decir las cosas de forma contundente. Si los mensajes provienen de personas públicamente expuestas o de minorías estridentes, los medios las reproducen porque constituyen noticias atractivas. En muchos casos se sabe claramente que hay un mentira en el mensaje pero se difunde dejando a la supuesta responsabilidad del emisor su contenido.
Este mecanismo de la llamada era de la posverdad ha sido esencial en el proceso de elección y ahora desempeño de Donald Trump como presidente electo. Y todo indica que será una forma cotidiana de la comunicación oficial en los próximos años en la Casa Blanca. Lo que supone un enorme reto para quienes resultan afectados y para la manera de informar. México y los mexicanos hemos sido afectados por el uso de estos mecanismos y no tenemos una forma de reaccionar eficiente, porque los mensajes trasmitidos han cumplido su cometido político, pasando por encima del principio ético del respeto a la verdad y a lo correcto.
El mensaje que acusa de voto ilegal logró distraer respecto al recuento de la votación en algunos estados, y el del supuesto mantenimiento de la planta de Carrier en Indiana consiguió trasmitir el sentimiento de que el presidente cumple sus promesas con determinación. La verdad es que ni hubo millones de votos ilegales, ni la planta de Carrier en Monterrey será eliminada, pero eso no importa ya. Aunque es moralmente relevante conocer la realidad, en términos de comunicación ya no es un tema vigente, por lo que la impresión emotiva inicial es lo que realmente perdura en la audiencia. Desde que se publicó el libro de Ralph Keyes La Era de la Posverdad en 2004, el término se ha convertido en referencia; al grado que el diccionario Oxford lo ha designado el término internacional del año. Ahora la posverdad se ha convertido en una realidad en la comunicación cotidiana con enormes efectos políticos y sociales. La sensación de que han caído las fronteras entre la verdad y la mentira ha creado la sensación de una degradación de la moralidad y de un fortalecimiento de una cierta autonomía o incluso impunidad en cuanto a la difusión de mensajes deliberadamente falsos. Estos mecanismos son una amenaza para la libertad y la dignidad de la persona. La acción para señalar lo que es real, verdadero y correcto es necesaria en el juego de la comunicación en la democracia. Ceder a la tentación de lo atractivo emocionalmente, dejando de lado la objetividad representa una renuncia a la responsabilidad en defensa de la libertad de expresarse y del derecho del público a estar informado.
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